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Del guaraní al chino y al T9: más de 200 versiones del Quijote

30 de Junio de 2016

La vigencia de la novela universal se incrementa sin límite desde que apareció hace más de 400 años en distintos idiomas hablados y con adelantos tecnológicos

La última versión del Quijote de la que se tiene noticia es en guaraní. El jesuita español, Bartomeu Melià, completo parecido con Alonso Quijano, se definía en el último Congreso del Español que tuvo lugar en Puerto Rico como hombre de selva que es también ratón de biblioteca. Así que hace unos años decidió traducir El Quijote para desmenuzarlo mejor en sus clases en la lengua cooficial de Paraguay y está a punto de ser publicada en estos meses. Es la última versión a una lengua no mayoritaria de la que se tiene noticia. Aunque la obra de Cervantes empezó a correr en otros idiomas desde muy pronto, sin que el ansia por universalizar al personaje de la triste figura haya dejado de latir con fuerza por todas las esquinas.

Primeras versiones

Desde que la novela salió de la imprenta Juan de la Cuesta, en Madrid, allá por 1605, el Quijote comenzó un viaje mucho más amplio que el de las correrías llevadas a cabo por el personaje a lo largo de España. Cervantes se quejó a fondo en diferentes ocasiones de las copias que se hicieron sin su permiso. Aquella reacción virulenta y completamente justificada representa una prueba vibrante del enfado que suscitaba el racaneo con los todavía no reconocidos derechos de autor. Hubo tres ediciones por parte de Juan de la Cuesta en los primeros años de su aparición –de las que sí recibió su parte el escritor–, así como copias que se imprimieron en Bruselas, Lisboa y Milán, editadas en castellano, para dar fe del interés que rápidamente levantó.

Primeras traducciones

El inglés y el francés fueron los primeros idiomas a los que se tradujo El Quijote. Thomas Selton comenzó con la primera parte en 1612 y terminó con la segunda en 1620. Cesar Oudin emprendió la tarea en Francia en 1614 y François de Rosset siguió en 1618 con la continuación. Italia, Alemania y Holanda llegaron después. Los italianos gracias a la versión de Franciosini (1622), los alemanes de la mano de Pahsch Bastel von der Sohle (1648) y los neerlandeses en 1657. La traducción al francés sirvió después como base a otras lenguas. No se sacaba el texto directamente del español, pero multiplicó su expansión durante los siglos XVII y XVIII, ante todo, en tierras eslavas.

Viaje a América

Miguel de Cervantes anduvo durante una época bastante obsesionado con la idea de trasladarse a América. Pidió favores y llamó a la puerta de posibles protectores para que se le concediera el deseo. Parecía justo, aunque solo fuera por los servicios prestados como soldado en Italia y Lepanto, por no hablar de su posterior cautiverio en Argel. No lo logró. Pero sin embargo, su personaje, no tardó en viajar a las indias. Una gran parte de la primera edición, de hecho, acabó en el nuevo continente. De su expansión se dio noticia por vez primera en Perú. Argentina, México, Venezuela... no tardaron en rendirle tributo.

Decenas de lenguas

El Centro Virtual del Instituto Cervantes y la Biblioteca Nacional han emprendido un enorme esfuerzo en los últimos años por recopilar y llevar cuenta de diferentes versiones del Quijote en todo el mundo. Hasta ahora, disponen de más de 200 en las que se puede contar la obra en diversas lenguas: albanés, alemán, árabe, búlgaro, catalán, checo, chino, coreano, croata, danés, esloveno, esperanto, estonio, euskera, finés, francés, gallego, georgiano, griego, hebreo, hindi, holandés, húngaro, inglés, irlandés, islandés, italiano, japonés, latín, lituano, maltés, noruego, persa, polaco, portugués, rumano, ruso, serbio, sueco, tagalo, tailandés, turco, vietnamita y yiddish.

El Quijote tecnológico

El lenguaje de la tecnología también ha sabido acercar el libro a distintos soportes. Gabriel Medina Vílchez lo ha adaptado a T9, en texto predictivo y con un total de 735 páginas codificadas. Se trata de la aplicación que se utiliza en los móviles y permite formar palabras presionando un solo botón de cada letra. La Real Academia Española lanzó por YouTube en 2010 una versión de lectura colectiva de la obra con gran éxito: se convirtió en una sesión continua de tres días en la que participaron 2.149 personas.